Cantina Marela

Arquitecto
Leonardo Llamas Álvarez
Año
2018
Constructora
Vialgo S.C.
Fotos
mario sánchez gómez

La edificación forma parte de un conjunto de construcciones existentes en una parcela de uso residencial privado, situadas en el Camino de Santiago Francés y pertenecientes a una misma propiedad. El volumen original, de geometría prismática, estaba construido con bloque de hormigón y había funcionado históricamente como almacén, pequeña cuadra y espacio auxiliar de la vivienda colindante. La cubierta, inclinada a un solo agua, se resolvía mediante placa ondulada de fibrocemento, mientras que las fachadas presentaban el bloque visto, tanto en el exterior como en el interior, sin ningún tipo de revestimiento.

Precisamente por este punto de partida, el proyecto se convirtió en uno de los más agradecidos que hemos abordado. La construcción se encontraba en un estado muy degradado y representaba un claro ejemplo del feísmo gallego: bloques de hormigón sin tratar, cubierta de fibrocemento y un pavimento de hormigón ciclópeo deteriorado por su uso como pocilga. Todo ello, paradójicamente, bajo protección patrimonial, al encontrarse en pleno trazado del Camino de Santiago.

Cualquiera que haya recorrido el Camino es consciente del abandono que sufre especialmente en su tramo gallego. Frente a esta realidad, el principal objetivo del proyecto fue revertir esta situación mediante una intervención respetuosa que pusiera en valor lo existente. Se propuso la implantación de una cantina para peregrinos, concebida como lugar de descanso en las inmediaciones del final de etapa en O Pedrouzo, en un entorno rural atravesado por una pista no asfaltada.

La adecuación del local partió de criterios claros de integración paisajística y respeto por el entorno, transformando un elemento degradado en un espacio capaz de generar actividad y atraer visitantes. Para ello, se abrió un nuevo hueco de conexión hacia la parte posterior de la parcela, con las mismas dimensiones que el acceso principal, creando una conexión visual directa entre el Camino y el espacio verde trasero, a modo de túnel entre la vegetación.

En el interior, se optó por una organización mayoritariamente diáfana, compartimentando únicamente la franja oeste para albergar los espacios de servicio necesarios: aseos, almacén y zona de transformación de productos. El resto del local se destinó a vitrinas, mostradores y punto de venta de productos agroalimentarios de producción local, reforzando el vínculo entre arquitectura, territorio y actividad económica. Un proyecto sencillo, pero eficaz, capaz de dignificar el lugar y devolverle valor arquitectónico y social.

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